Symphonie pour Tamar
Esa noche fue como tantas otras. Siempre los mismos juegos de salón, las mismas oberturas, las mismas piezas de piano. Podría yo seguir con lo mismo interminablemente, pero ¿para qué seguir torturando mi juicio? Tanto pensar en eso me da miedo de perderlo. Ya no soportaba los mismos agravios, insultos, ofensas de parte que yo más quería. Así me pagaban, yo que todo lo dí por ellos. Eran tristes acordes, el piano cada vez decaía, los violines se apagaban unos tras otros. El eco de las voces de la noche se desesperaba y lloraba. Sólo una arpa me consolaba con su dulce música en medio de los voces decadentes. Mi prima se había acercado a mí como tantas noches, oyendo los mismos quejidos y sollozos que sufría cada noche. El viento con su aterrador sonido interrumpía las confidencias, que eran sólo superficiales, por que tras su puerta estaba la traición a punto de ser activada. Ella sólo vivía para ellos, quienes la concientizaban en contra mía. Sólo raras veces se podía guíar con su alma buena. Era algo interminable, una agonía horrenda.
Pero todo se apagó cuando la tormenta cobró nuevos bríos con su frenético allegro. Los violines no podían parar, los timbales con sus horribles truenos, los cellos en un alegre festín de graves acordes. Se fueron los fantasmas y quedé sola en mi habitación.
Estaba en silencio. Sólo oía como caían las gotas de la lluvia, como si un piano tocara nota por nota en medio de las voces invernales. Se escuchaban sus ecos, por que el horrible trueno y sus ejércitos de monjes negros rondaban por todos lados.
Tenía terror pero un dulce velo se apoderó de mí y los sonidos de una flauta lejana comenzaban una melodía junto al arpa, que me hicieron olvidar que estaba en mi habitación mientras la tormenta reinaba con todo su poder.
La niebla se disipó para descubrirme algo tan hermoso, que era imposible describir. Era una belleza inaudita. El rumor de un arpa me llevó hasta un pequeño riachuelo. Me miré en las aguas, pero de ellas sólo sus ecos se oían: “Tamar, Tamar, en estas aguas serás feliz”. El viento y todo el paisaje me llamaba. Los coros gritaban mi nombre y el viento me empujaba hacia una gran cascada, que no se podía describir. Eran metros iluminados por el sol, un abismo que no iba a terminar jamás.
Uno, dos, tres, movimientos tocaron mientras era llevada a un peñasco, el más alto de todos. El coro universal cantaba y todos los instrumentos resonaban para el cuarto movimiento que llamaron “Tamar”. Era una música que jamás podría ser igualada. Todos los vientos se juntaron y me lanzaron a las profundidades de la cascada. El piano tocó de la más alta a la más grave, como una caída frenética que terminó cuando me sumergí a las aguas. El concierto tuvo el más bello de los finales, cuando una danza acuática, la más bella de todas, retumbó en todas las profundidades del río, que no tenía final.
Desperté. Pero me noté transparente y el alba se asentaba con su airecillo típico. Sólo se oía mis ecos, pero veía como estaba acostada sobre mi cama con una flor en mis manos. Estaba tan bella, pero con una sonrisa en los labios. Fue la primera vez que sonreí. Lo último que ví fue un arpa triste que era tocada por mi prima, pero era el día más hermoso de todos. Los vientos me alejaron de allí y quedaron sólo los ecos que pudieron alguna vez, ser felices.
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Aaron= tenemos que practicar el francés ja!.

Aaron pues! dijo
siiiii.. porfa.. frances para el estudioando preuniversitario wn!
te felicito eh!
VECINOO!
hey!
teli tu mail.. y tenemos q hablar pa ponernos de acuerdo y tengo q contarte unas cosiilas!!
te me cuidas!!
Café .-
31 Mayo 2006 | 06:19 AM